Fray Martín de Córdoba

Fray Martín nació en Córdoba hacia finales del siglo XIV. Como miembro de la nobleza, vinculado probablemente al linaje de Alcaudete, pudo acceder no solo a una amplia formación universitaria, sino también al ámbito de la corte, donde ejerció como tutor de las élites.

La trayectoria vital de este agustino está estrechamente vinculada al mundo universitario, como lo prueba el haber sido catedrático en Toulouse y Salamanca, la redacción de varias obras en latín de contenido teológico o filosófico o las palabras de algunos de sus biógrafos, quienes alaban especialmente su producción erudita y su saber, destacando los años dedicados a la universidad. Entre las expresiones de estos destacan apelativos muy esclarecedores al respecto, como de maravillosa sciencia”, “declaró el Apocalypsi, libro bien difficultoso de entender”, “fue muchos años cathedratico en Salamanca y en Tholosa de Francia”.

A lo largo de su trayectoria universitaria fue adquiriendo diversos títulos; así, en 1431 es nombrado bachiller en Teología y se le concede licencia para ser graduado como Maestro en la Universidad de Toulouse.

Alabado también por su actitud devota y humilde, se decantó por la vida retirada, decisión que lo hizo merecedor de ser nombrado entre los beatos de la Orden de San Agustín. También alaban sus biógrafos la especial habilidad de fray Martín para la predicación, aspecto que se advierte en el particular estilo de sus obras divulgativas destinadas a la formación espiritual de los legos, como se evidencia claramente en el Tratado de la Predestinación.

A pesar de su tendencia a la vida retirada, los vínculos con el mundo universitario y su dedicación al estudio le ocasionaron algunos problemas en la orden debido a la reforma observante que se inicia hacia 1431 y llega a Salamanca en torno a 1452. Como consecuencia de la restauración del rigor monástico, que condujo a apartar a estudiantes y catedráticos del estudio, hacia 1454 tuvo que abandonar el convento y dejar su cátedra de filosofía moral. Es probable que, contando con el apoyo de sus amistades en la corte, se desplazase al convento de Valladolid, donde permanecería hasta 1461, año en que el general Boechio lo nombra conventual en Tolosa.

El autor mantuvo buenas relaciones con la realeza y los principales miembros de la corte, por ejemplo, con el propio Álvaro de Luna, a quien dedicó una de sus obras más conocidas: Compendio de la Fortuna. Prueba de ello son los distintos ofrecimientos de Juan II y Enrique IV para servir en la corte. Su referida preferencia por la vida retirada hizo que rechazase los cargos mundanales de alta responsabilidad. Con todo, fray Martín puso al servicio del mundo cortesano sus conocimientos elaborando obras destinadas a la educación de los nobles. Uno de los ejemplos más notables de esta labor es el Vergel de las nobles doncellas, obra concebida para la formación de la infanta Isabel, futura reina de Castilla.

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